miércoles, 16 de octubre de 2013

The book of love.

Estas últimas semanas han sido bastante raras. No sólo porque estuve encerrada tragándome libros de manera casi compulsiva para un parcial, (me fue muy bien por suerte, ¡yay!) lo que no me daba oportunidad para tener una vida, sino porque de un momento a otro me sentí increíblemente rara.
El cuerpo me pesaba mucho, comía con una ansiedad notoria y además sólo quería escuchar música triste. Mis miradas se quedaban perdidas en la nada. Comenzaba a cansarme de todo. Dormía más. Soñaba cosas horribles. Sentía una opresión en el pecho que muchas veces no me dejaba respirar. Me preguntaba, no sin antes enfurecerme por la frustración, por qué me estaba sucediendo esto.
Sólo cuando me encontré mirando fotos de mi padre me di cuenta que estaba somatizando todo.

Y es que el día 16 de octubre fue cuando tuve la mañana más triste de mi vida y mi mamá vino a casa avisando que mi papá había fallecido.

Hace tres años.

Recuerdo esa semana como si hubiera sido la última. Estábamos todos en lo de mi tía, debido a que mi papá se había desmoronado y ya no podía levantarse de la cama. De un lado a otro, revoloteando cual lechuzas inquietas. Haciéndolo sentir mejor, hablando de temas frívolos y superfluos. Como si fingiéramos que nos interesaban otras cosas. Con susurros quietos y lágrimas escondidas entre jarrones. No había ido a la escuela un sólo día, sólo el viernes. No escribí una sola palabra. No sabía bien que pensar.
Juro por todo lo bueno por lo que vale la pena vivir que pensé que iba a salir de la casa en cualquier momento.
No había terminado de entender por qué venían tantas personas a verlo: no entendía que muchos estaban despidiéndose.
Creí que era solo un susto, un bajón. Pensé... que mejoraría. Realmente creí que iba a estar todo bien. No tenía el valor ni el negativismo de perder las esperanzas.
Pero la enfermedad consume. Nunca perdona. Absorbe todo lo bueno y se lleva hasta tu último aliento como un viento mortal. Sólo cuando vi sus ojos amarillos y sus huesos marcados comprendí que las cosas nunca volverían a ser lo mismo.
A mis cortos 15 años, plena discordia hormonal/mental/social, tuve que tomar de las manos a una de las personas que más amo en este mundo y decirle que podía irse, que íbamos a arreglárnosla, que saldríamos adelante, que era lo mejor para él y que no tenía que seguir sufriendo.


Pero mi cabeza y mi alma pedían a gritos desgarrados que se quedara con nosotras, que no se fuera, que lo quería a mi lado lo que la vida debería durar. Deseaba que me abrazara y volviera a ser su nena una vez más. A reír con sus chistes, a atemorizarme con sus retos, a corear con sus canciones y a soñar con sus historias.

Lo extraño. Lo extraño tanto... Y pasar toda una vida sin él... simplemente se me hace demasiado largo. Y una parte de mí no comprende por qué o como nos sucedió esto. 

A veces tengo la ilusión que sólo se fue por un tiempo. Que algún día va a volver vestido con su ambo y su maletín de diez años de antigüedad. Sueño con que está con nostras y toda la realidad no pasó nunca ¿experimentaron eso alguna vez? Confundo verdad con ilusión y me despierto con una sonrisa, creyendo que nunca se enfermó. Pero la ficción se desvanece y otra vez me encuentro sin la presencia de mi padre. Yo no puedo seguir oyendo los pasos de alguien que no llega nunca. No puedo dar manotazos en una habitación oscura, aguardando hallar algo que me ilumine todo nuevamente. 

Recuerdo el sufrimiento, la incertidumbre, los desánimos, los días miserables, las pocas ganas de levantarme, las veces que no sabía porque estaba en este mundo y lloro.

Casi nunca lloro delante de las personas. Normalmente lo hago con mi mamá en momentos de "explosión" o cuando estoy muy borracha. De vez en cuando puedo llegar a poner mis ojos vidriosos, pero esto no sucede muy seguido.
Sólo la noche, agazapada junto con la soledad y el silencio forman el cóctel perfecto para que cubra mi cara con mis manos y rompa en llanto hasta quedarme dormida. Incluso para descargarme soy muy solitaria. Y bué.

No le deseo a nadie de los numerosos miembros en mi lista negra (y eso que son varios eh) que me pase lo que nos pasó a mi mamá, a mi hermana y a mí. ¿Quién la va a llevar al altar cuando se case mi hermana? (Planeo evitar la iglesia a toda costa, debería estar muy enamorada para hacerlo) ¿Y en su cumpleaños de quince? ¿Por qué yo pude tenerlo y ella no? Mi mamá lo había elegido para envejecer juntos, para pasar los años que venían, para vernos egresar y progresar en la vida ¿Qué va a ser de nosotras ahora? Eramos una familia increíblemente unida, buena y con pocos conflictos ¿Qué hicimos para que nos sucediera esto? 

Honestamente no lo sé. Y tampoco sé si me gustaría saberlo. Tal vez sólo sucedió. Y listo. 

La vida es efímera. Un día abrimos los ojos y los que tienen que estar desaparecen de nuestro lado. Los que dicen estar para siempre se apartan y fingen no haber estado nunca. A veces pasa lo peor: nos damos cuenta que hay algunos que jamás estuvieron realmente junto a nosotros. 
Pero también es misteriosa y nadie dijo que iba a ser perfecta. Nada que valga la pena será fácil. Da miedo enfrentar a las cosas que nos pueden llegar a hundir, mas esconder la cabeza no es ni será la mejor opción. 

Agradezco que no estamos solas. Día a día nuestros lazos más cercanos, ya sean de sangre o no, nos iluminan las caras. Nos tenemos entre las tres, y quizás hasta sólo eso alcance para resistir y superar lo que trata de destruirnos. Ganaremos. En cierto modo ya hemos ganado. 
Tenemos motivos para reír, para querer sentir el sol en nuestras caras. Para permitir disfrutar pequeños detalles que hacen la vida un poco más alegre. Tenemos libros de fotos que nos recuerdan nuestros momentos más hermosos, videos, anécdotas graciosas y memorias eternas. 
Tenemos amor. Toneladas de amor para dar y recibir desde mil fuentes distintas. No me imagino lo duro que sería todo sin las personas que nos levantan, nos sostienen los hombros y nos ayudan a caminar. 

Gracias a todos. No hay muchas palabras para demostrar mi gratitud. 
Vamos con la cabeza en alto listas para lo que sea, vamos unidas a fortalecernos cada año más.

Vamos con todo, viejo. Y si a veces reventamos en lágrimas, no te alteres. Es normal. Solamente te extrañamos mucho.


Evangelina Barle


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