3 meses en Rosario ya. 3 meses de separación entre mi hogar, mi lugar. El ambiente que me vio nacer, crecer. Las personas que me moldearon, las experiencias que me hicieron ser quien creo ser hoy en día.
Admito que estoy extrañando, y mucho. Sobre todo a mi familia, a la cual siempre estuve muy unida. Porque a pesar de hablar y teclarse todos los días, no es lo mismo la conexión virtual que compartir un fin de semana, una cena, una conversación cara a cara. ¡Los extraño mucho a mis amigos también! Y ni hablar de mi perro, que más que un perro es un hijo para mí.
Pero bueno, en un mes estoy allá. Afortunadamente, como tuve una buena nota en el parcial anterior tengo aproximadamente cuatro semanas de vacaciones ¡sencillamente genial!
Volviendo al tema literario, que es el tópico de este blog, hoy quiero contarles sobre mi proyecto. Mi ambición. Mi más grande sueño.
Doy por sabido que mi vocación en realidad es la escritura, la literatura, el arte plasmado en palabras escritas. No la medicina. Aunque me guste mucho, es un segundo plano. Un plan B.
Quiero publicar algo. Preferiblemente mi novela, de género fantástico, en la que estoy trabajando desde una idea un poco descabellada que nació cuando tenía apenas 10 años. No voy a dar información ni ideas al respecto ¡Está bajo absoluto secreto hasta que se publique!
Quiero que mi nombre aparezca en el lomo de un libro. En una dedicatoria. En una página. Sin importar el éxito, sin apreciar el dinero, sin desear la fama. Aunque termine en una librería de mala muerte a una oferta de dos por 10 pesos, quiero ser la autora de mis propias ideas, mis propios mundos, mis queridos personajes.
Claro que, una novela es ardua. Larga. Pesada. Requiere tiempo, voluntad, esfuerzo y suerte. Así que para no perder horas decidí comenzar otro proyecto: un libro de relatos de temática fantástica, otros realistas, distópicos, ucrónicos, de terror y policiales. Historias cortas que son un reto en sí, pues mientras menos páginas hay más hay que empeñarse en hacer sentir algo al lector.
He publicado un par aquí. No se llaman de igual manera porque los nombres de mis cuentos y el nombre de el libro en sí son en latín, una lengua que sin saber bien por qué me emociona, me apasiona y me hace sentir rara.
Y el libro planea llamarse, habrán adivinado, Corpore Insepulto.
He aquí una introducción que hice hace un par de años. Aquí explico por qué decidí llamarlo así (por ende, es lo mismo para este blog)
El por qué del nombre
¿Por qué este libro se
llama Corpore Insepulto, y no de
cualquier otra manera?
No fue al azar, no fue
porque si.
Bueno, en realidad, la
mayoría de las cosas tienen una razón para ser. Otras al parecer no, y gastamos
hasta una vida entera para hallarla.
Otras suceden y listo.
Mi titulo, sin
embargo, tiene un porque. Dude mucho, investigue por todos los medios, tuve
borradores, ensayos, manuscritos y mas, hasta encontrar uno perfecto, que se
adapte cual llave en una cerradura con lo que escribo.
Y es este.
En nuestra mente hay
una cantidad infinita de recuerdos, temores, verdades, mentiras, imágenes y
hasta sabores. Algunos los rescatamos de vez en cuando para vivirlos de vuelta,
otros los queremos olvidar más que cualquier otra cosa en el mundo, aunque jamás
lo logramos.
Sobre estos quiero
hablar yo.
Los temas tabúes, como
el canibalismo, el aborto, los mas terribles desordenes mentales.
Los menos hablados hoy
en día, como el amor verdadero, las cosas que nos esclavizan, el destino (o la existencia de este) el alter- ego, el
pensamiento lateral, los sueños y las ambiciones. Los miedos infantiles. Las
vidas pasadas. Los más grandes misterios hallados en la vida humana. Nuestros errores. Nuestros demonios.
Y ellos nos obligan a tomar decisiones sin meditar, a cargar nuestra
conciencia, a veces nos arrancan las ganas de vivir. No siempre son malos. Solo
la mayoría del tiempo. Dependemos de ellos. Somos lo que somos gracias a ellos.
A veces los sentimos y los vemos delante de nuestras narices, los odiamos y los
apartamos, e ¡ingenuos de nosotros, que creemos que nos deshacemos de ellos!
Nunca se van.
Porque eso son: cuerpos que uno cree que están enterrados, allí, en nuestra conciencia. Muertos, inertes, carentes de todo poder.
No se ahogan, flotan.
Siguen ahí, esperando su momento siguiente, planeando su próxima jugada,
sobreviviendo para vernos sufrir.
Son como la realidad que no queremos ver, son fantasmas que conviven con
nosotros. Solo los miramos de a ratos, son destellos que solo son distinguidos
con minuciosidad y detallismo.
Parpadeamos.
Ahora los vemos, ahora no los vemos.
Los dejamos de lado con el paso del tiempo, los ignoramos, fingimos no verlos ni deseamos pensar en ellos.
Pero están sin
sepultar.
Siempre estarán allí.
Y cuando nos damos
cuenta, cuando vuelven a la vida para hacernos sufrir, es cuando empieza lo verdadero.
Nada más que decir. Aguárdame lector, que antes de morir haré lo que sea para publicarlo.
Lo prometo
Evangelina Barle

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