martes, 2 de abril de 2013

Let's go get lost.

Finalmente, el día llegó. Mañana me voy y arranco una vida nueva, conozco nuevas personas, expando todos mis horizontes posibles. Cambio de aire, cambia mi manera de ser. Cambia todo. 
Hay cosas que nunca volverán a ser lo mismo. Momentos que nunca se van a repetir. Personas que quizás no vea, rutinas únicas, segundos y minutos que siempre van a estar atesorados en mi corazón.

En honor a cerrar una etapa y comenzar otra nueva, quisiera compartir el discurso que hice para mi despedida académica, en diciembre del año pasado. Dedicado a mis profesores, a mis compañeros que conozco desde hace tanto tiempo. A la escuela que más que otra colegio fue mi hogar, a maestros que fueron mis familiares. A mis años más felices y también a los mas duros.
A todas las personas que estuvieron conmigo. A los que vienen. A los que siguen conmigo hasta el final.

Y a los que no tengo más a mi lado, pero me dieron los recuerdos más bellos.

A todos por igual, gracias. Los quiero.  



"Este es el momento. Acá pasamos gran parte de nuestra niñez y adolescencia. Pasamos demasiadas cosas juntos, muchas más de las que podemos recordar ahora mismo. Son anécdotas de todo tipo, son años de levantarnos cada mañana y encontrarnos con las mismas personas en el mismo lugar, son fotos que quedan, son videos que se miran una y otra vez.

De una manera u otra, queramos o no, la escuela va a quedar en nuestra memoria y en nuestros corazones siempre. Somos parte de ella y ella es parte de nosotros. Lo que vivimos y lo que aprendimos (y no me refiero a lo teórico) no lo vamos a volver a aprender en ningún otro lugar.

Pero nada es eterno en la vida. Sabemos que las cosas terminan tarde o temprano. Absolutamente todo tiene su fecha de vencimiento.

Y sí, nuestro momento llegó. Pero esto no quiere decir que tengamos que pasarlo con dolor, nostalgia o pena. No por esto tenemos que desear quedarnos un año más. Es necesario para nosotros crecer, cambiar de escenario, cerrar etapas y volver a empezar una vida nueva. No podemos desear ser adolescentes siempre, sencillamente porque no es posible y porque además no es sano. No dejemos que el dolor de partir no nos permita poder ilusionarnos con lo que viene y disfrutar lo que ya tenemos. Porque son cosas que, sin importar cuanto nos lamentemos, ya pasaron.

El pasado es historia. El futuro, un misterio. Pero el presente es un regalo; por eso se llama presente

Quizás no volvamos, quizás esto sí es un adiós después de todo.

A ustedes: Marina, Sonia, Petoy, Norberto, Sandrita, Romina, Martín, Seba. A los de siempre. A los que no están hace tanto tiempo. A los que ya no vemos tan seguido. A todos por igual, gracias.

Gracias por los abrazos, las miradas, la comprensión, el afecto, los panes irremplazables de los lunes y las mañanas de películas. Gracias por entendernos cuando más lo necesitábamos.

Hay algo que tienen que saber: siempre que nos necesiten, vamos a estar. Podemos no demostrarlo, puede parecer que no lo sentimos. Pero nos vamos con ustedes en nuestros corazones; eso denlo por hecho.

Así como ustedes ayudaron a formar nuestras raíces, deseamos que este pino también haga crecer las suyas y sea tan parte del complejo como nosotros. Que se alimente de lo mismo que nos dieron: afecto, ternura, paciencia y amor.

Mis últimos pensamientos se los dedico a nuestro ángel guardián. Ella forma parte de nuestro ayer, nuestro hoy y nuestro mañana. Gracias por cuidarnos dentro de nuestra escuela, por dejarnos tantas enseñanzas que a pesar del paso de los años nunca vamos a olvidar. Chiche, te amo. Profundamente. Te llevo conmigo esté donde esté.  

Sí, lloremos. Pongámonos mal, extrañemos. Porque este es el momento. Pero por un rato: porque el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.

Nos espera un mañana incierto, pero esperanzador.

Los quiero mucho chicos. Gracias por todos esos momentos que recorrimos juntos.

Y a todo el resto, un hasta siempre. " 

No creo que quede mucho más para decir. Pero muestro una sonrisa en mi alma y en mi corazón. 
¡Rosario, allá vamos! ¡Y con todo! 

Evangelina Barle

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