Hay cosas que nunca volverán a ser lo mismo. Momentos que nunca se van a repetir. Personas que quizás no vea, rutinas únicas, segundos y minutos que siempre van a estar atesorados en mi corazón.
En honor a cerrar una etapa y comenzar otra nueva, quisiera compartir el discurso que hice para mi despedida académica, en diciembre del año pasado. Dedicado a mis profesores, a mis compañeros que conozco desde hace tanto tiempo. A la escuela que más que otra colegio fue mi hogar, a maestros que fueron mis familiares. A mis años más felices y también a los mas duros.
A todas las personas que estuvieron conmigo. A los que vienen. A los que siguen conmigo hasta el final.
Y a los que no tengo más a mi lado, pero me dieron los recuerdos más bellos.
A todos por igual, gracias. Los quiero.
"Este es el
momento. Acá pasamos gran parte de nuestra niñez y adolescencia. Pasamos
demasiadas cosas juntos, muchas más de las que podemos recordar ahora mismo.
Son anécdotas de todo tipo, son años de levantarnos cada mañana y encontrarnos
con las mismas personas en el mismo lugar, son fotos que quedan, son videos que
se miran una y otra vez.
De una
manera u otra, queramos o no, la escuela va a quedar en nuestra memoria y en
nuestros corazones siempre. Somos parte de ella y ella es parte de nosotros. Lo
que vivimos y lo que aprendimos (y no me refiero a lo teórico) no lo vamos a
volver a aprender en ningún otro lugar.
Pero nada
es eterno en la vida. Sabemos que las cosas terminan tarde o temprano.
Absolutamente todo tiene su fecha de vencimiento.
Y sí,
nuestro momento llegó. Pero esto no quiere decir que tengamos que pasarlo con
dolor, nostalgia o pena. No por esto tenemos que desear quedarnos un año más.
Es necesario para nosotros crecer, cambiar de escenario, cerrar etapas y volver
a empezar una vida nueva. No podemos desear ser adolescentes siempre,
sencillamente porque no es posible y porque además no es sano. No dejemos que
el dolor de partir no nos permita poder ilusionarnos con lo que viene y
disfrutar lo que ya tenemos. Porque son cosas que, sin importar cuanto nos
lamentemos, ya pasaron.
“El pasado es historia. El futuro,
un misterio. Pero el presente es un regalo; por eso se llama presente”
Quizás no
volvamos, quizás esto sí es un adiós después de todo.
A ustedes:
Marina, Sonia, Petoy, Norberto, Sandrita, Romina, Martín, Seba. A los de
siempre. A los que no están hace tanto tiempo. A los que ya no vemos tan
seguido. A todos por igual, gracias.
Gracias por
los abrazos, las miradas, la comprensión, el afecto, los panes irremplazables
de los lunes y las mañanas de películas. Gracias por entendernos cuando más lo
necesitábamos.
Hay algo
que tienen que saber: siempre que nos necesiten, vamos a estar. Podemos no
demostrarlo, puede parecer que no lo sentimos. Pero nos vamos con ustedes en
nuestros corazones; eso denlo por hecho.
Así como
ustedes ayudaron a formar nuestras raíces, deseamos que este pino también haga
crecer las suyas y sea tan parte del complejo como nosotros. Que se alimente de
lo mismo que nos dieron: afecto, ternura, paciencia y amor.
Mis últimos
pensamientos se los dedico a nuestro ángel guardián. Ella forma parte de
nuestro ayer, nuestro hoy y nuestro mañana. Gracias por cuidarnos dentro de
nuestra escuela, por dejarnos tantas enseñanzas que a pesar del paso de los
años nunca vamos a olvidar. Chiche, te amo. Profundamente. Te llevo conmigo
esté donde esté.
Sí,
lloremos. Pongámonos mal, extrañemos. Porque este es el momento. Pero por un
rato: porque el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.
Nos espera
un mañana incierto, pero esperanzador.
Los quiero
mucho chicos. Gracias por todos esos momentos que recorrimos juntos.
Y a todo el
resto, un hasta siempre. "
No creo que quede mucho más para decir. Pero muestro una sonrisa en mi alma y en mi corazón.
¡Rosario, allá vamos! ¡Y con todo!
Evangelina Barle

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