jueves, 22 de noviembre de 2012

Look how they shine for you.

Hacía mucho que no dedicaba al menos un minuto a la segunda cosa que más amo hacer en el mundo. Esto tiene sus ventajas y sus desventajas: por un lado es algo positivo, ya que últimamente tiendo a escribir sólo cuando estoy mal, triste, enojada o angustiada. Y por otro lado, pierdo los hilos de las ideas frescas que se me ocurren en aquellos escasos momentos donde me inspiro completamente.

Por ende, para no perder la costumbre y al mismo tiempo no entregar algo de medio pelo (otro de mis tantos principios: si lo haces de mala gana ¿por qué lo haces? Es preferible nada a la mediocridad) decidí publicar el primer relato que escribí. Sí, el primero, a la no tan tierna edad de 13 años. Si bien había escrito un cuento que ganó el primer lugar en el Certamen Regional Literario por el Aniversario de Rada Tilly a los 9 años, no lo considero como uno de los principios de mi carrera literaria, pues en ese momento no sabía que lo que realmente quería hacer de mi vida era escribir.
Sin más preámbulos, aquí les dejo mi primer obra. Recuerdo que la había hecho a mano (me arriesgo a decir que todavía tengo el manuscrito) y que era parte de una tarea para la clase de Lengua. Saqué un excelente (dado lo parco para halagar que suele ser mi profesor de esta materia, consideré esa nota como algo completamente innovador y motivador) y me gané una sonrisa por el resto del día. Considero la mejor edad de mi vida a los 13 años (hasta ahora, claro está. Porque ¿quién sabe verdaderamente qué le depara el futuro?) y a este recuerdo uno de los mejores:



Señales en las estrellas



Anochecía. El ya estaba en marcha, acercándose cada vez más a su hogar. No podía creerlo, simplemente no podía creerlo. No era posible. Nunca se hizo realidad, y esta vez no iba a pasar, como siempre.
Mientras se dedicaba a patear una que otra piedra, allá, en la montaña, pensaba en lo sucedido: Al fin y al cabo, las noticias no mentían. Se dijo: "¿Una lluvia de cobre en Arizona? ¿Una epidemia increíble que provocaba trastornos psiquiátricos y ceguera en Europa? ¿Satélites cayendo en el Ártico?"
Esas cosas no eran mas que señales de lo que iba a pasar.

No quería ni pensarlo.
Su pacifica caminata se iba deteniendo a medida que meditaba sobre las sabias palabras de su maestro, antes de morir: "Las estrellas te dirán cuando terminará todo".
¿Y eso que significaba? Pensó. ¿Qué les diría a su mujer y a sus hijos cuando estos preguntaran? La más pura desesperación comenzó a corroerlo, haciendo que el tiempo le pareciera infinito, eterno e impreciso. Se sintió muerto, sin existencia, silenciado por la verdad.
Bajó la vista aun mas al húmedo suelo, evitando mirar el vasto cielo.
Luego de unas horas, no lo soporto más. Ya bien cerca de su hogar, él alzó la vista a los astros (siempre hay una ultima vez para todo)

En lo alto, sin mayor alboroto, las estrellas se iban apagando.


No es una obra de arte, no es lo más hermoso que he visto en mi vida, ni un relato digno de premio alguno. Pero es mío, lo primero que hice, mi puerta al enorme y salvaje mundo de la escritura creativa, mi probable portal a la felicidad y el mejor método anti estrés que conozco.
Desde ahí nunca paré de escribir.
Y espero jamás hacerlo. 

                                                                                                             Evangelina Barle

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